Churros, calentitos, tejeringos, como les queramos llamar, están riquísimos solos o con chocolate. Los hay de diferentes tipos. Principalmente está el churro de papa, más consistente, y el churro de rueda más esponjoso. La receta que traemos hoy la prepara Cinta, que solo me deja ayudar a la hora de freír.
No puedo evitar recordar los churros que compraba de pequeño, por las mañanas camino del colegio, en la churrería de la esquina. Con una moneda de 2,50 pesetas me daban un papelón de churros para invitar a todos los amigos que encontraba camino de clase.
INGREDIENTES
- Harina de repostería
- Harina Yolanda
- Levadura Royal
- Sal
Las unidades de medida que utilizamos para esta receta son de los más científicas: el vaso y el puñadito. Pues eso, que cogemos y ponemos en un bol un vaso de harina de repostería, un vaso de harina Yolanda, un sobre de levadura Royal y un puñadito de sal.
Previamente habremos puesto a hervir la cantidad de agua necesaria para llenar dos vasos que añadiremos al recipiente ¡con cuidado de no quemarnos!
Ahora se trata de mezclar muy bien todos los ingredientes hasta que nos quede una masa homogénea y un poco pegajosa. Ni se nos ocurra utilizar las manos pues, además de escaldarnos, se nos queda toda la mezcla pegada. Una buena cuchara y a remover...
Para freír utilizaremos aceite de oliva bien calentito y una manga de churrero, si disponemos de ella, o cualquier otro artilugio que nos ayude a la formación del churro a partir de la masa. Nosotros utilizamos un modelo de la marca
Ibili, que podemos ver en la foto, y que resulta muy cómodo ya que con una mano vas apretando el pulsador superior y con la otra cortando los churros a medida con unas tijeras.
El procedimiento es, como iba diciendo, echar los churros en el aceite muy caliente y dejar que se doren. Después los dejamos un momento en papel absorbente para eliminar el exceso de grasa y ... ¡a comer!